El ritual como resistencia: descanso, presencia y nuevas tramas

Vivimos en una era donde la hiperconexión no significa conexión real. Donde la distracción permanente se volvió regla, y la exigencia de estar disponibles 24/7 colonizó incluso nuestros momentos más íntimos.

Gemma Fillol lo nombra con claridad: “En la era de la máxima distracción, estar conectada a ti no es una opción: es vital.”
Ese es el corazón de la cuestión. No se trata de productividad, de rendimiento, de sumar más a la agenda. Se trata de recuperar la soberanía sobre nuestro tiempo y nuestra energía.

Byung-Chul Han lo define en La sociedad del cansancio: vivimos atrapadas en la lógica de la autoexplotación. No necesitamos un jefe que nos ordene: somos nosotras mismas las que nos exigimos sin descanso. Y cuando descansamos, lo hacemos solo para volver a producir. Como si dormir o frenar fueran un trámite para recargar las pilas y seguir corriendo.

Mark Fisher lo llamó realismo capitalista: esa sensación de que no hay alternativa, que el único camino posible es el que dicta este sistema. Una vida de cansancio, ansiedad e insomnio normalizados.

Pero sí hay alternativas. Y esa grieta se abre cuando recordamos que somos animales de rituales.
El ritual es un antídoto.
No es productividad, es presencia.
No es exigencia, es intención.

Fillol insiste:

  • El ritual te pone en el centro.
  • No es el resultado, es el camino.
  • No es la actividad, es la sensibilidad con que la transitas.

Un ritual es esa taza de café que se vuelve elixir porque la habitamos con atención. En mi caso es el mate, la mesa de mi comedor que da a la ventana con una vista tan cálida, el sol que entra por ella, mis plantas, el silencio, tengo grabado ese momento sublime.


Es el tejido que calma, no porque “produzca” una prenda, sino porque cada punto nos devuelve a nosotras mismas.


Es la escritura que no busca publicarse, sino sostener la escucha interior.

Un ritual es una pausa con sentido. Un tiempo en que el mundo se detiene para que podamos volver al cuerpo, a la creatividad, a la conversación íntima con nosotras mismas.

Y ahí, cuando ritualizamos, el descanso deja de ser ausencia de acción y se convierte en un espacio fértil: lugar de nuevas ideas, de pensamientos que no nacen en la urgencia, de tramas que se hilan despacio.

Ese es el espíritu del Club #lasauroras.
No es solo un espacio para tejer —aunque tejemos juntas—.
Es un laboratorio de tiempo compartido donde la pausa se vuelve creadora.

🌿 Un grupo de WhatsApp que nos sostiene en lo cotidiano.
🌿 Encuentros en vivo semanales para tejer y conversar desde la presencia.
🌿 Una biblioteca de proyectos que esperan tu ritmo, no al revés.
🌿 En octubre, el kimono como proyecto colectivo: tejido lento, expansivo, lleno de intención.
🌿 La lectura de La mujer comestible, para reflexionar juntas sobre cómo habitamos el cuerpo en esta sociedad que nos devora.

En un mundo que insiste en la distracción y el cansancio, crear rituales no es casualidad: es resistencia.
Y unirse al Club es elegir que ese gesto no sea en soledad, sino en tribu.

La pregunta queda abierta:
¿Cuál es el ritual que hoy puede devolverte al centro?

Nosotras compartimos posibles respuestas, y hacemos de cada viernes juntas, un nuevo ritual de encuentro. Te invitamos a pertencer, a tu ritmo, a tomar de nuestro contenido el que resuene hoy con vos, a hacer tu propio recorrido, único como vos. No hay recetas, no tenemos respuetas, te invitamos a una tribu en circulo, de aprendizaje de todas, de ideas, de charlas cada una en su momento y a la vez todas conectadas por lo mismo: actividades que nos lleven hacia dentro nuestro y nos ayuden a sentirnos mas plenas y felices.

Brindando en cada encuentro para regalarnos un rato de calma, este viermes tejemos flores, porque si hay algo bello en este mundo roto, son las flores. Sumate a tejerlas con nosotras.

Todo es mejor cuando se comparte.


Marian | #lasauroras

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