No extrañamos el crochet. Extrañamos el permiso de ir más despacio.

En las últimas semanas se multiplicaron las notas sobre el fenómeno de los grandma hobbies: crochet, tejido, bordado, costura, jardinería, hornear pan… Lo interesante es que ya no se presentan como pasatiempos «de antes», sino como una respuesta al cansancio digital, la ansiedad y la necesidad de volver a hacer algo con las manos.

Pero no les quiero hablar de eso. De eso ya hablan todas.

Quiero contarles otra cosa.

Hace varios meses dejé de escribir estos mails. La vida me tenía preparadas situaciones de mucho estrés, emociones encontradas y muchas decisiones. Elegí poner el cuerpo y la energía en mi familia. Y volvería a elegirlo.

Todavía estoy transitando ese proceso, pero siento que ya puedo volver a sentarme a escribirles.

Y en este tiempo entendí algo.

No extrañamos el crochet. Extrañamos el permiso de ir más despacio.

Muchas veces les compartí las herramientas que voy encontrando para atravesar la vida. Este último año el trabajo ocupó casi todo, y en los pocos ratos libres elegía distracciones vacías: mirar una película, escuchar un audiolibro, hacer cualquier cosa que me sacara un rato de la cabeza.

Y entonces me di cuenta de que todos esos espacios —mis hobbies, mi trabajo, el crochet— tienen algo en común.

Son momentos donde, por un instante, el mundo baja la velocidad. Un rato sin notificaciones. Una conversación sin apuro. Un proyecto que no tenga que terminarse hoy. Algo hecho con las manos, pero también con tiempo. Como escribir este mail para ustedes. Como detenerme un rato a pensar todo lo que pasó en estos meses.

Simplemente, frenar.

Esta semana, en el encuentro en vivo del Club, Sandra compartió algo que me quedó resonando. Contaba que la consigna de los viernes la ayuda a revisar su semana y darse cuenta de todo lo que hizo, aunque la sensación sea que no hizo nada. Y creo que muchas entendemos exactamente de qué habla. Porque la voracidad de la vida hoy no da tregua.

Todo se mide en productividad. Hasta los hobbies parecen tener que ser rentables, filmables o convertirse en contenido.

El crochet que proponemos en Las Auroras es exactamente lo contrario.

No acelera.

No optimiza.

No reemplaza.

Simplemente acompaña.

Por eso esta semana, dentro del Club, vamos a insistir mucho con una idea: el Club es a tu ritmo.

No hace falta hacer todo.

No hace falta terminar todos los proyectos.

No hace falta seguir el ritmo de quien tiene más tiempo.

Hacé tu caminito. Aunque sea pequeño. Pero que sea tuyo.

Y mientras escribía esto me acordé de algo que me pasó estas últimas semanas.

¿Saben qué me hizo muchísimo bien? Destejer. Sí, increíble.

Tenía un montón de tejidos que nunca iban a convertirse en nada. Me daba pena tirarlos, hasta que un día se me ocurrió destejerlos. Y ahora destejo todo lo que no me convence. 😂

Las mudanzas mueven mucho más que los muebles. Yo me mudé demasiadas veces en muy poco tiempo y creo que también necesitaba hacer espacio por dentro.

Hay momentos para tejer. Y hay momentos para destejer. Con el crochet… y con la vida.

Durante mucho tiempo sentimos que todo tenía que servir para algo. Que si hacíamos algo debía ser útil, rentable o productivo.

Destejer no cumple ninguna de esas reglas. Y, sin embargo, me hizo sentir profundamente bien.

Tal vez porque me recordó que volver atrás también puede ser una forma de avanzar.

Así que en esas ando. Sigo Aprendiendo a frenar.

Mirando qué vale la pena seguir tejiendo… y qué necesita ser destejido para volver a empezar.

¿Y ustedes? ¿Qué sienten que hoy necesitan tejer… o destejer?

Marian

Selecciona tu moneda