Esta pregunta la escribí hace un tiempo, y hoy vuelve a mí con otra fuerza.
Con el cuerpo abierto.
Con el alma abrumada.
Y con una tristeza que no se puede ordenar.
Hace unos días murió mi abuela.
Mi mamá está internada, con un pronóstico difícil.
Y yo estoy acá, sintiéndome rara…
No quiero esconder esto. No puedo.
Tampoco quiero convertirlo en enseñanza. Solo en presencia.
Simone de Beauvoir, en Una muerte muy dulce, escribió sobre la muerte de su madre con una claridad que atraviesa generaciones. Su relato no es solamente sobre la pérdida, sino sobre la transformación que esa pérdida genera. Dice que esa experiencia la confrontó con lo frágil y contingente de todo lo que parecía sólido. Leerla en este momento me permite abrazar mi propia fragilidad, y entender que esa sensación de que «todo se mueve» no es un signo de debilidad, sino de humanidad.
Erich Fromm, en El arte de amar, nos recuerda que el amor maduro es aquel que implica cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento. Y cuando ese amor lo dirigimos hacia nosotras mismas, también implica cuidado en el dolor, respeto por nuestras pausas, responsabilidad por nuestra vida interior, y conocimiento de lo que verdaderamente necesitamos.
Me sostienen gestos mínimos:
leer un poco a la noche,
no soltar del todo mi rutina de movimiento,
permitirme hacer sólo lo urgente,
y hablar —cuando puedo— con algunas amigas y compañeras que me entienden.
Me doy cuenta de todo lo que construí.
Y también de lo que ya no necesito seguir sosteniendo.
No sé bien qué se quebró, pero sí veo lo que aparece.
Mi abuela, su forma de vivir.
Y mi mamá, con quien estamos viviendo algo que duele pero también —lo intuyo— puede transformarnos.
Me pregunto si la tristeza también puede sostenerme.
Si en lugar de rechazarla, puedo habitarla.
Pero no sé cómo.
Y quizás no tenga que saberlo aún.
Quizás la forma sea esta:
nombrarlo.
No correrme.
Respirar. Meditar que me obliga el hábito que le enseñé a mi hija y hoy me alcanza.
Y confiar —aunque sea apenas— en que este derrumbe también puede ser semilla.
En Desmadejadas hablamos mucho de esto: de la posibilidad de hacernos espacio, aún cuando no sabemos cómo. De la escritura como puente entre lo que duele y lo que transforma. De tejer sentido en medio de los nudos.
Esta comunidad es, para mí, parte de esa red que me sostiene cuando todo se mueve. Y si estás leyendo esto, quizás también sea para vos un espacio donde reflexionar con otras mujeres qué queres sostener, cómo hacerlo, que cosas dejar ir… y tanto más que aparece cuando una se da el tiempo que merece.
Marian, para #lasauroras